La cálida luz del sol empezaba a asomar por el horizonte, alumbrando todo lo que se interponía en su camino, siguiendo leyes físicas incuestionables.
La verdad,
escuchad,
no es verdad
sin manar en paz.
La sensación de dolor era palpable. Estaba sufriendo. La naturaleza sufría a cada segundo que pasaba y, como siempre, podía notarlo, sentirlo:
Fuego. Dolor. Ira. Refugio. Supervivencia. Dolor. Paz. Amor. Frustración. Ira. Dolor. Muerte.
Así, día a día, iba experimentando lo que había sido un descuido por parte de sus compañeros, compañeros de vida y de genética. De su raza.
Sin escuchar
vas a acabar.
En el mas mar
profundo a cavar.
Los sentimientos experimentados por todas esas criaturas que, actualmente, yacen muertas, eras destructibles emocional y mentalmente. Una advertencia habría bastado, pero ellos nunca quisieron escuchar. ¿Queríais pruebas? Tomad, aquí nos sobra la basura que nos, ME habéis dejado.